Entrevista a Jesús Rodríguez Macías, Alumni de Tabladilla y joven abogado del Estado

Convertirse en Abogado del Estado es uno de los mayores retos jurídicos en España. Lograrlo a una edad temprana es, además, una muestra extraordinaria de constancia, disciplina y claridad de propósito.

Nuestro alumni Jesús Rodríguez Macías, de la XXXIX Promoción, ha alcanzado esta meta tras tres años de estudio exigente y dedicación plena. Su trayectoria refleja una profunda vocación por el Derecho y el espíritu de superación que caracteriza a tantos alumnos de Tabladilla.

En esta entrevista comparte su experiencia preparando la oposición, los valores que le han ayudado en el camino y algunos consejos para los alumnos que están empezando a decidir su futuro profesional.

 

Nos leen muchos alumnos de último curso que pronto serán alumni. ¿Qué les aconsejas a la hora de elegir una carrera profesional?

Les aconsejo lo mismo que a mis hermanas Susana y Paloma, que están en bachillerato en el Colegio Entreolivos: que hablen con profesionales del sector, cuantos más mejor.

Así fue realmente como acabé estudiando Derecho. Descubrí que el abanico de profesiones al que podía dedicarme era muy amplio. Nunca me ha gustado cerrarme puertas y aún menos a esa edad. Por eso también decidí estudiar Economía, con el objetivo de ampliar el espectro y abrir otras opciones en caso de que el Derecho no fuera mi vocación.

 

Para quien no lo sepa, ¿qué hace exactamente un Abogado del Estado?

El Abogado del Estado se encarga de asistir jurídicamente al Estado y sus distintos organismos: asesorarles, representarles y defenderles.

Definir todas las funciones es complejo porque son muchas. Lo más habitual es realizar la defensa en juicio de la Administración General del Estado, pero también hay compañeros en consejos de administración de empresas públicas, en el Tribunal de Justicia de la Unión Europea o representando al Reino de España en arbitrajes internacionales.

Además, el cuerpo de Abogados del Estado ha sido tradicionalmente demandado en otras facetas del sector público, como cargos políticos o responsabilidades institucionales. También existe la opción de pedir una excedencia y trabajar en el sector privado.

 

 

¿Qué te motivó a afrontar un reto tan exigente como esta oposición?

Durante la carrera decidí que quería ser abogado y vi que opositar podía ser una forma de mejorar mi formación. Si no conseguía la oposición siempre podría aplicar esos conocimientos en un despacho de abogados convencional.

Una de las cosas que más me motivó fue ver las carreras profesionales de los Abogados del Estado. Esa amplitud de opciones que se abre al aprobar encajaba mucho con mi forma de ver las cosas.

A día de hoy no sé exactamente qué estaré haciendo dentro de diez años, y la verdad es que eso me encanta.

 

¿Cómo es el proceso de preparación?

Es muy duro, pero una vez te acostumbras al día a día se empieza a hacer más llevadero. En nuestro caso además tuvimos una dificultad añadida por un cambio repentino de temario. Pero al final esas son las mismas condiciones para todos.

 

¿Hubo algún momento en el que pensaste en rendirte?

No. Si hubiese suspendido este año habría tenido que parar a valorar mis opciones, pero antes de presentarme al menos una vez no iba a rendirme. 

Nunca estás seguro de si todo va a salir bien, pero lo que no puedes hacer es ni siquiera intentarlo. Además de la constancia o la capacidad de estudio, es fundamental saber distinguir lo que es importante para aprobar de lo que no lo es.

No puedes perder el tiempo completando partes de tus temas que luego no vas a poder decir o que carecen de relevancia. Lo mismo ocurre con los casos prácticos: hay que analizar bien qué te están preguntando y ceñirte a ello.

La oposición ya es lo suficientemente dura como para complicarla aún más.

 

Hace ocho años que dejaste Tabladilla. ¿Qué valores dirías que te han ayudado en este camino?

Principalmente saber que hay cosas mucho más importantes que la carrera profesional. Cuando sentía la presión por aprobar intentaba relativizar mucho la oposición. Mi vida no se define por aprobar o no; la definen mis valores, mis creencias y las personas que me rodean.

 

¿Alguna anécdota de tu etapa en el colegio que te haga sonreír?

Hay muchas. Fue una etapa muy bonita y por eso muchos de mis mejores amigos siguen siendo los del colegio. De hecho, dos días después de aprobar coincidía la reunión de la promoción, que no habíamos hecho desde que terminamos el colegio. Fue muy bonito reencontrarme con todos y poder celebrarlo juntos.

 

¿Cómo ves el futuro del Derecho?

El Derecho en España, muy influenciado por la Unión Europea y por la jurisprudencia del Tribunal Supremo y del Tribunal Constitucional, está alcanzando una enorme complejidad.

En el caso del cuerpo de Abogados del Estado se está viendo cada vez más la necesidad de especialización, cuando tradicionalmente hemos sido abogados generalistas.

Por otro lado, la utilización de herramientas de TIC e Inteligencia Artificial va a definir gran parte del futuro de la profesión, aunque nunca podrán sustituir la sensibilidad humana necesaria para dirigir un pleito.

 

¿Qué consejo darías a un alumno que esté pensando en estudiar Derecho?

Lo primero es hablar con profesionales. Yo todavía tengo poca experiencia en el ejercicio, pero si quieren, por supuesto pueden contar conmigo.

Y como consejo general, si alguien está pensando en hacer un doble grado, que no lo dude. Siempre estás a tiempo de dejar una de las carreras si al final no te convence.

En mi caso puede parecer que estudiar otra carrera fue una pérdida de tiempo porque finalmente he opositado, pero no me arrepiento en absoluto. Creo que me ayudó a desarrollar mejor la eficiencia, algo esencial cuando preparas una oposición.

 

¿Un mensaje para tu “yo” adolescente?

Le diría que nada cae en saco roto, que el esfuerzo de una forma u otra siempre da fruto.

Pero también que disfrute del camino y de las personas que le rodean, porque con el tiempo te das cuenta de que esos momentos son los que realmente dejan huella.

 

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