Cuando Félix era un niño le daban miedo las alturas, hoy atraviesa el cielo de la península varias veces a la semana con un Bombardier CRJ1000 . En esta entrevista realizada por Tabladilla Alumni, Félix cuenta que convertirse en piloto con apenas 24 años no es cuestión de suerte, sino de disciplina, constancia y vocación. Lo tiene claro: detrás de cada despegue hay años de crecimiento personal, de sacrificios personales y familiares y tener un rumbo fijo en la vida.
¡Enhorabuena Felix! Conseguiste ponerte a los mandos de un avión ¿ha sido un proceso muy duro?
Es más intenso de lo que parece. Tienes 13 asignaturas teóricas (meteorología, navegación, instrumentos…) y luego la parte práctica con horas de vuelo. Lo mínimo suelen ser unos dos años si te lo tomas muy en serio. En mi caso fue así, sin vacaciones prácticamente. Por supuesto aquí uno se olvida de vacaciones de verano, Semana Santa, Feria, findes de semana… En vuelo hay dos fases: visual, guiándote por referencias externas, e instrumental, solo con cabina sin mirar afuera. Esta última es más compleja, pero también la que más disfruté. Básicamente he aprendido que las cosas que uno quiere y valen la pena, cuestan.
En una carrera con tanta competencia suponemos que tuviste momentos en los que pensaste en que no lo ibas a conseguir. ¿Qué te hizo seguir confiando en tus posibilidades?
Rendirme no, pero sí dudé. Es una profesión con muchos picos, un día eres Maverick y al otro día ya no sabes ni aterrizar. Más o menos se me ha dado bien todo en general:en el colegio, los estudios, el deporte… lo que me proponía lo solía conseguir sin un sobreesfuerzo, pero esto del vuelo me dio una “cura de humildad”.
Yo pensé que volar sería como conducir el coche pero en el aire y no se acerca en absolutamente nada. Que si la altitud, que si la velocidad, que si las comunicaciones, no perderte en el aire. Y además,el aterrizaje da bastante respeto al principio.
Recuerdo mis primeros vuelos llamando a mi padre diciéndole que esto no era lo mío.. Pero pensaba en el esfuerzo económico de mis padres y sobre todo, lo más importante, que no me veía trabajando de nada más allá de piloto. Mis padres me enseñaron que esto es una carrera de fondo: habrá días buenos y malos, pero hay que seguir.
Es impresionante esa foto con tu padre los dos vestidos de piloto.¿cuándo sentiste que era tu vocación y no algo heredado?
Curiosamente, de pequeño tenía miedo a las alturas. Todo cambió sobre los 15 años, tras perder ese miedo y asistir a una exhibición aérea. Me daba un poco de vergüenza decírselo a mis padres porque creía que no me iban a tomar en serio.
Una vez que tomé la decisión de ser piloto ahora faltaba la siguiente pregunta: ¿militar o comercial? Yo sabía que lo mío no era ser militar, yo solo quería volar un caza, creo que para ser militar tienes que tener una vocación muy grande. Hicimos un estudio en 2º de Bach con pros y contras y decidimos que lo mejor era ser piloto comercial. Empecé otra carrera durante el COVID porque la aviación estaba completamente parada. Pero veía que la gente sí estaba haciendo lo que le gustaba y yo estaba en esa carrera “por estar”. Y cuando veía un avión en el cielo pensaba “ojalá estar ahí arriba algún día llevando yo el avión”.
A comienzos de marzo realizaste tu primer vuelo ¿cómo fue?
Una responsabilidad enorme. Cuando se cierra la puerta de la cabina sabes que atrás hay 100 o más personas que no conocen a ninguno de los dos pilotos y que están, por decirlo así, “dejando su vida en nuestras manos”. En ese momento entramos en la primera fase del vuelo y en la cabina no se habla de nada más allá que no sea importante para el vuelo hasta los 10.000 pies.
Esto se llama cabina estéril, y es para evitar distracciones y errores. Todo se vuelve concentración: comunicaciones, sistemas, chequeos… Es como una coreografía perfectamente coordinada entre pilotos. El principal responsable es el comandante y es el que lleva la batuta, pero bueno nosotros como copilotos también tenemos la responsabilidad de ir chequeando que todo esté bien.
Viniendo de una familia de pilotos, los consejos ante el primer vuelo debieron ser muy valiosos.
Pues sí, el día anterior a ese primer vuelo estaba demasiado nervioso. Mi padre me dijo que era normal estar nervioso, que, como es normal, iba a cometer fallos. Nunca había hecho esto antes, y mis compañeros iban a esperar justamente eso de mí. Simplemente me dijo que disfrutara porque este día era único. Mi madre apoyó los consejos de mi padre y me aconsejó que rezara para que todo fuera bien. Y en el momento del despegue, la verdad, sólo pensaba en hacerlo bien.
Dicen que tener miedo es necesario para mantenernos seguros ¿Los pilotos pasáis miedo al volar?
Más que miedo, respeto. Estamos entrenados para afrontar situaciones complicadas, y eso transforma el miedo en control. Sabes lo que puede pasar y cómo reaccionar, aunque siempre mantienes ese respeto por lo que haces.
¿Qué te aportó el Colegio Tabladilla en tu formación personal?
Me enseñaron a respetar a los compañeros y a ser empático con ellos. En el colegio aprendí valores como la paciencia, la responsabilidad y el respeto por los demás. Me transmitieron la importancia de tener autocontrol, de pensar antes de actuar, la necesidad de mantener la calma incluso en momentos de tensión.
Mi tutor durante 5 años, Don Antonio Santiesteban, me enseñó que en lugar de caer en la queja o buscar culpables es fundamental hacer autocrítica y ponerse manos a la obra en todo lo que uno pueda. Y esto es muy aplicable para ser piloto.
No puedes culpar al viento de que te está empujando, lo que tienes que hacer es estar más vivo con los mandos, de hacer correcciones rápidas y pelear. No puedes decir “es que estaba cansado”.
¿Qué consejo darías a un alumno que quiere “volar alto”?
Que vayan a por ello sin excusas. Si quiere algo de verdad, tendrá que sacrificar algunos aspectos. Yo renuncié a muchas experiencias, pero ha merecido la pena. Y también diría que, aunque le vaya bien, mantengasiempre la humildad. Y si tienen que pedir ayuda a amigos o familiares que no lo duden.
¿Cuál es tu próxima meta como piloto?
Seguir aprendiendo, ganar experiencia y mejorar cada día. A largo plazo, me gustaría ser comandante y también instructor. Pero para eso me queda mucho camino todavía. Ahora quiero disfrutar el presente, con los momentos buenos y malos. Es una suerte trabajar en algo que te guste.


